COSAS QUE CASI NADIE DICE

El primero en hacer algo no tiene las credenciales académicas ni profesionales necesarias para ello. Los que inventaron el avión y volaron por primera vez en él —por ejemplo— no eran pilotos certificados ni ingenieros aeronáuticos.

Una de las ventajas de hacer negocios es que es una profesión que te da fácilmente la bienvenida desde cualquier carrera que vengas. Si eres o vas a ser el primero en tu entorno en dedicarse a crear empresas, tengo un par de notas para ti. La primera es que no hagas empresas sino que te enfoques en resolver problemas. Es alrededor de estos como creas la estructura para atacarlos. Esto suena obvio y sencillo pero no tienes idea de cuántas personas lanzan compañías antes de tener bien definido un reto por conquistar.

La segunda nota es que te entrenes desde siempre en la incomodidad. Cuando no sabemos jugar este juego, lo evaluamos superficialmente. Creemos que se trata de tener una oficina, lucir bien, decirle a nuestros colaboradores lo que tienen que hacer, administrar los recursos, contratar a quien nos ayude con áreas como marketing y contabilidad y listo, todo bajo control con un perfecto modelo de negocios basado en la metodología de moda con la que nos hayamos topado en alguna revista de emprendimiento de supermercado.

Hacer negocios es organizar una boda para quinientas personas a diario. Es estar a veinticuatro horas de un evento internacional en el que eres el coordinador general y no tienes todo listo. Es lanzar un cohete al espacio con tecnología que todavía no ha sido probada. Es intentar convencer a un congreso en el que tienes minoría para que aprueben tus ideas.

En otras palabras: es cansado, estresante y no tan glamoroso como muchos veces insistimos en verlo gracias a lo bonito que nos muestra Instagram y YouTube. Es como ver la película de superhéroes en el cine y pensar que con nuestro iPhone, creatividad, imaginación y amigos vamos a poder producir algo de calidad similar en dos días.

Eres, no sé, ingeniero, médico, vendedor de seguros, chef, coach deportivo. Bien. Entrénate a esto de los negocios ejecutando muchísimas actividades diversas en tu semana: invitar una cena para proponer alguna idea hipotética a un amigo, evaluar en otra a alguien como potencial socio, terminar un libro, grabar dos videos para tu canal de YouTube, ejercitarte, levantarte temprano, registrar notas diarias en tu blog y así. Lo que intento decirte es que no tienes que experimentar una rutina intensa de emprendedor de alto nivel hasta que llegues ahí sino que puedes vivirla desde ahora para acostumbrarte a ella o de plano rechazarla y entender que tus recursos emocionales no están listos para llevarte ahí.

Te digo esto no para desanimarte. Al contrario. Creo que necesitamos muchos más empresarios con la visión de construir organizaciones ambiciosas dispuestas a resolver temas complejos. Y ésta es otra nota: si tienes estudios de alto nivel, hablas otros idiomas, dices que te gusta aprender, tienes una visión optimista del mundo, resuelve cosas en esa liga, no lances cosas “fáciles”. Este comentario molesta a muchas personas cuando lo comparto en mis conferencias, pero merecemos resultados mediocres cuando tenemos recursos internos invaluables y los utilizamos para cosas que otros con menos privilegios intelectuales o económicos podrían y deberían abordar. Sé que todo es digno y se puede llevar a grandes niveles y está genial si así es como lo estás diseñando desde el inicio pero lo que veo es conformidad desde la línea de salida: “vamos a poner este negocio para que nos dé un extra” dice a su pareja el ingeniero en su mejor momento de la vida, con energía, posgrados, una gran posición en una compañía internacional y lector voraz de blogs como éste en lugar de agregar agresividad e intención a su proyecto para llevarlo a ser algo global en donde ganen todos. Imagina que HP, Google, Facebook y demás hubiesen nacido con la ejecución de mentalidad pobre con la que tristemente solemos impregnar la mayoría de nuestros proyectos en Latinoamérica. No serían HP, Google ni Facebook.

Lo siento, pero son cosas que casi nadie dice. No todos los emprendimientos son iguales y no todos los esfuerzos deben ser aplaudidos. México y economías débiles similares son las que obtenemos cuando en la base de profesionistas no sabemos empujarnos a niveles más altos y nadie nos empuja porque lejos de exigir y exigirnos preferimos celebrarnos entre nosotros con frases “está bien, lo que importa es lanzar algo, intentarlo, aunque sea pequeñito pero que ponga un poquito de dinero en la mesa”. No. ¿Por qué ese miedo?

La persona que no ha tenido privilegios educativos, oportunidades de exponerse al mundo, recursos económicos suficientes para tener una vida relativamente cómoda, esa persona ejecuta excelentemente su parte cuando lanza su idea con limitaciones y trabaja con entusiasmo para ser autosuficiente y proveer a su familia y entorno.

Los negocios que personalmente clasifico como pequeños no lo son por su tamaño, génesis o capital sino por la comparación entre lo que sus fundadores tienen a favor en términos intelectuales, educativos, sociales, económicos y profesionales y aquello que están ejecutando. Te corresponde evaluar honestamente tu escala y ejecutar acorde.

Antes de ofenderte y atacar este artículo, pregúntate qué fibra sensible estoy tocando. Una sociedad que ha invertido por décadas en que tengamos experiencia de mundo con nuestros viajes, estudios superiores y acceso a las mejores comodidades de la vida es una sociedad que merece más que una ejecución limitada y miedosa de nuestra parte.

Los que hemos recibido mucho más, tenemos que insistir en lograr mucho más también.

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