EMPRESARIO INTERRUMPIDO

Una de las nociones que más dañan a la juventud emprendedora actual es aquella que enfoca el trabajar para alguien más como un desperdicio de tiempo.

Emprender es fácil. Compras tu punto com, te dejas crecer la barba para tener un look de moda, tomas fotos en un co-working, las compartes sin descanso en tus stories con notas copy-paste de grandes emprendedores y zas, oficialmente perteneces a la tribu.

Conseguir buenos resultados sostenibles de largo plazo en los negocios es harina de otro costal.

Tenemos a una generación de jóvenes que creen que es mejor construir una compañía desde cero porque vieron algún video corto en YouTube o escucharon en alguna conferencia motivacional un mensaje que los empujó a lanzar su idea de negocios al mundo.

Emprendedores tenemos muchos. No nos hacen falta más, gracias. Lo digo en serio.

Lo que nuestras hermosas sociedades tercermundistas necesitan es más empresarios. Es ahí donde está el crecimiento con la generación de buenos empleos, el pago de bastantes impuestos y en general con la creación de productos y servicios bien recibidos en el mercado.

Cierto que para ser empresario debemos pasar por el nivel emprendedor. El problema es que muchos se enamoran de esta etapa y deciden vivir ahí. Es romántico y lo entiendo. Es adictivo impresionar a la gente diciendo “soy emprendedor” y recibir aplausos aunque cada mes la lucha de los costos llamados renta, proveedores y servicios sean el principal foco de atención.

Ser empresario es como ser banquero: un concepto respetable pero no uno que excite la imaginación de la población joven que quiere sustituir la rebeldía de las drogas y rock and roll por sentirse la reencarnación de Steve Jobs en un escenario.

Trabaja. Busco la corporación más grande que te quiera contratar e insértate ahí, querido joven. Soporta unos años toda es frustración que piensas que es única en ti donde no celebran tus ideas, donde los demás son tontos y lentos y el único tipo listo y visionario de la habitación eres tú. Sufre con esos procedimientos burocráticos que estorban a tu creatividad. Abúrrete en reuniones donde no pasa nada en realidad y todos pierden el tiempo.

En realidad, lo que estás haciendo es aprender lo genuinamente complejo que es construir cualquier cosa con seres humanos dentro y fuera de la situación. La política de la oficina donde hay gente que detestas y otros que te gustan, eso mismo va a ocurrir cuando lances tu negocio. Muchas cosas que no entiendes cómo es que las grandes organizaciones las permiten o gastan en ello únicamente tendrán sentido cuando salgas de ahí e intentes escalar tu empresa y veas que no es lo mismo lidiar con tu equipo de piratas rebeldes de cinco personitas a uno de cincuenta o quinientos o cinco mil.

Esas tonterías de política, management, liderazgo, psicología organizacional, relaciones públicas, comunicación interna y demás serán la diferencia en tu capacidad de sobrevivir como nueva compañía en el mapa. Pero no vas a poder respirar verdaderamente su importancia con dos libros y un post en Médium. Tienes que vivir el asunto para poder abrazarlo bien.

Trabaja en una gran empresa. Sé un tipo genial, soberbio, impresionante en tu ejecución, conexiones y mentalidad ahí. No interrumpas tu desarrolla de potencial empresario de alto nivel con frases de gente que no ha construido nada en realidad y que te dicen que al tener un empleo “le estás haciendo dinero a otros” o que “estás trabajando en construir el sueño de alguien más en lugar del tuyo”. Estás siendo estratégico.

Más de un estudio lo confirma: los mejores emprendedores no son jóvenes sino personas arriba de sus cuarentas. No es la edad la diferencia, eso es una métrica, sino la experiencia y visión que ya puedes poner en la mesa en ese momento de la vida.

No estoy diciendo que ser joven es una sentencia automática de muerte para un emprendimiento: significa que la curva de aprendizaje va totalmente por tu cuenta. Y es bastante costosa. Mientras que los que van ascendiendo en una empresa grande están siendo patrocinados en su desarrollo hasta el día que pueden volar con varios elementos exitosos bajo su manto para implementarlos por su cuenta.

Te quiero, querido joven emprendedor. Pero me gustaría mejor poder llamarte colega empresario. Ten experiencia. Sufre en una corporación. Domina los procedimientos ahí y sube de nivel. Luego, con los años, transfiere esa sangre, sudor y lágrimas a las ideas que laten en ti.

Necesitamos empresarios. Sé uno de ellos. De alto desempeño.

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