MEJORES SENTIMIENTOS

A ritmo acelerado para no perder mi conexión, topé en el aeropuerto internacional con un tipo de mi edad. Antes de esquivarlo e ignorarlo olímpicamente como ya había hecho con los otros cientos de viajeros en mi trayecto, aventó un “Aarón, hola, ¿cómo estás?”. Puse entonces atención pero incluso así no lo reconocí. “Soy Carlos”, me dijo. Carlos tenía barba y como veinte kilos más cuando lo conocí. Ahora lucía en forma, bien rasurado y con alguna especie de buena cirugía en el rostro que no pude determinar. Me detuve y platicamos agradablemente un momento. Nos despedimos. Casi nunca me entero de “asuntos normales” de mi entorno, querida PAD, enterrado como suelo estar aquí en mis letras. Así que días después al comentarle a mi esposa el encuentro, me actualizó sobre el divorcio que el año pasado había ocurrido entre Carlos y su esposa.

Recuerdo mi primer rompimiento amoroso difícil. Sentí que era la herida más fatal de mi existencia. Pensé que iba morir. A los veinte años todo se amplifica fácilmente. Mi drama y yo éramos caldo de cultivo perfecto para esto. No tenía dinero, pero recuerdo que me dirigí al centro comercial con mis tarjetas de crédito para comprar ropa deportiva y después inscribirme a un gimnasio. El objetivo era claro y despiadado: me iba a convertir en el tipo con el cuerpo más sexy y ella se iba a arrepentir por haberme dejado. Mi apuesta reactiva era que tal venganza me iba a hacer feliz.

Por supuesto que mi razonamiento infantil no fue sostenible. Mi lógica simplona y tonta para abordar mi reto emocional del momento no me dio el combustible para mantenerme en la ruta de la disciplina física. Abandoné el ejercicio a los tres días y continué con mi desordenada alimentación y terrible rutina sedentaria una década más. Esta primera experiencia personal la puedo conectar ahora claramente con el divorcio de Carlos: cuando llegamos a un punto de quiebre, nuestra alma nos dicta el paso perfecto que debemos ejecutar, que no es otro más que ponernos a hacer cosas que nos den felicidad.

El gran error que solemos cometer es posicionarnos en modo pasivo, esperar a “sentirnos bien” para entonces sí, retomar actividades que dejamos en pausa y suscribir otras nuevas. No es de PADs esto de esperar a sentirnos bien.

En el campo de la psicología, hay un tratamiento llamado “terapia de activación de comportamiento” (BAT, por sus siglas en inglés). Se trata de empujar al paciente para que voltee el típico proceso donde primero queremos “sentirnos bien” a uno donde priorizamos la ejecución de las cosas que nos harán sentir bien.

Una forma de entender esto es la siguiente: usualmente pensamos que tenemos que entender algo y luego practicarlo. Así está fundamentada la escuela tradicional, donde nos dan libros y explicaciones y después las herramientas. Esta manera de hacer las cosas es sólo una de muchas posibles. Que la mente tiene siempre que enseñar primero a las manos no es la verdad absoluta del mundo. Sí, ocurre, pero no es el procedimiento ideal para toda situación. Las manos también enseñan a la mente. Y de eso se trata BAT, de poner a las manos primero y la mente después.

Quisiera decirte que aquel rompimiento en mis tempranos veintes es un acontecimiento aislado en mi vida, pero la realidad es que vivo episodios bastante difíciles para mi estándar personal cada cierto tiempo, y no sólo en el rubro romántico. Por eso insisto tanto en la ecuanimidad, una herramienta que sé que debo tener a mano constantemente y que he aprendido a usar cada vez mejor. ¿Qué mejor manera de saber que estamos bien preparados con algo que escribir de ello, hablar de ello, empujarlo y usarlo a diario?

Llevo casi una década corriendo. Aprendí a hacerlo para sentirme bien. El error de muchos es esperar a la motivación, a sentirse bien para hacer las cosas. No. Hazlo sin importar tus sentimientos. Y luego tus sentimientos se alinearán con la acción.

Siempre digo que la motivación es para amateurs. El pro aprende a activar una especie de botón interno invisible para hacer lo que tiene que hacer.

Escribir es lo mismo. Es la otra actividad que me hace feliz. Pero hay días donde mi espíritu entra en depresión y no desea hacer nada. Reconozco los síntomas y los saludo, pero no los respeto e incluso así, con todo su peso en mi cuello, espalda y hombre, busco en espacio en la oficina, en casa o en Starbucks y tecleo hasta que puedo compartir algo de valor desmedido para ti, querida PAD. Jamás me he sentido peor después de haber ejecutado cinco kilómetros y un artículo. Jamás. Al contrario.

Ten dos actividades bien definidas y alcanzables a las que puedas recurrir en días obscuros.

Bien definidas: en mi caso, no hablo de “correr” sino “correr cinco kilómetros” ni tampoco “escribir” sino “escribir un artículo”. Hazlo medible.

Alcanzables: si saltar de paracaídas es lo que te da más felicidad, vas a sufrir mucho porque la cantidad de días negros versus los días que tendrás acceso a practicar esto es abismal. Busca cuestiones a las que puedas acceder sin tanto problema económico o geográfico.

Hay científicos trabajando en la sabiduría: cómo definirla, cómo alcanzarla, cómo estudiarla sistemáticamente. Uno de los fundamentos para conquistar esta cualidad es poder abordar nuestros problemas desde una perspectiva macro, donde separamos las diferentes cajas que construyen el enorme dilema ante nosotros y las sometemos a análisis desapasionados. Y aquí va un hack: si quieres ser más sabio en tus decisiones, analízate en tercera persona, permítete observarte desde una buena distancia emocional: “¿Qué es lo que Aarón cree de tal asunto?” en lugar de “¿Qué creo de este asunto?”.

Lo que hizo Carlos de reinventarse tras su divorcio y lo que intenté yo de reinventarme después de mi rompimiento dramático de la juventud es algo que debemos hacer, sí, pero abordémoslo desde una posición de ventaja natural en lugar de convertirnos en adictos a grandes dramas para catapultarnos.

Haz esto de ejecutar primero + abordarte emocionalmente en tercera persona hasta el día que hayas internalizado ambas cosas a plenitud. Internalizamos a plenitud cuando la habilidad se convierte en segunda naturaleza.

Comparte esto con aquellos que lo necesitan o simplemente para que entiendan tu proceso de reinvención actual.

Más ecuanimidad llegará a tus venas.

Y con ella, mejores sentimientos.

Eso quiero para ti.

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