PERSONALIDAD SOMBRA

Tal vez no interrumpirías a medio discurso a un conocido con el que estás sentando en una cena con varios invitados. Esperarías pacientemente si acaso decides argumentar en contra de sus notas, aunque probablemente decidas en su lugar ordenar otro trago y te propongas ignorarlo el resto de la noche porque sabes que no vas a cambiar nada en realidad.

Ahora cambia la atmósfera e imagina que tu amigo es un contacto en Facebook que escribe un ensayo el cual no terminas de leer pero sobre el que decides comentar con sorna porque al tipo simplemente no lo soportas y, bueno, escribir algo sin mucho sentido positivo en internet es probablemente la actividad más fácil que la humanidad ha podido inventar.

Ojalá pudiésemos constantemente transferir el comportamiento civilizado de la cena del ejemplo inicial a la interacción electrónica descrita en el segundo párrafo. ¿Por qué no ocurre esto más a menudo? ¿Por qué las burlas, el sarcasmo y los ataques fluyen más fácilmente en el mundo digital? La apuesta solía ir en el sentido de que la anonimidad permitía todo esto. La realidad es que nuestro comportamiento virtual sigue igual de lamentable incluso hoy donde la mayoría usamos fotos y nombres verdaderos.

Hay algo llamado “personalidad sombra”. Es esa serie de emociones que aprendimos a disfrazar en nuestros tiempos en la caverna para que los demás no nos odiaran o expulsaran. Antes de aprender a hablar, nos comunicamos con nuestros gestos. Dominamos la comunicación de la concentración, del peligro, del miedo, de la alegría y al mismo tiempo aprendimos a disimular la ira, venganza y celos que nos iban a meter en problemas con los tipos más fuertes.

Esa personalidad sombra nos persigue hasta la fecha. Tal vez la dejamos aflorar fácilmente cuando mágicamente eliminamos el riesgo físico de una pelea al ponernos mejor detrás de un teclado para atacar ideas y personas que nos desagradan. La frialdad del monitor nos ayuda a ignorar totalmente la reacción de enfado y rechazo que veríamos en los rostros de los demás en la cena ante nuestra grosera irrupción en una velada agradable.

Ser un patán digital no es como nos dicen, una cuestión de tener dos personalidades. Es simplemente permitir que nuestra personalidad sombra fluya tranquilamente sin consecuencias viscerales visibles que nos desanimen a ser un incordio total. Todos tenemos una personalidad sombra. Simplemente hay quienes la liberan más que otros. Todos envidiamos, tenemos celos, nos enojamos y lo sabemos ocultar. Unos mejor que otros, claro está.

Ser una persona digitalmente agradable es uno de los mejores activos que puedes construir. Casi nadie se está esforzando en esto. Por economía básica, el valor que esta habilidad tendrá sólo puede tener una tendencia a la alza.

Ya sabes cómo dominar esto de la “personalidad sombra” porque así lo ejecutas en la vida real. No vas por la calle insultando, escupiendo y repartiendo verdades a medias o comentarios sin sentido a todo el que se cruza en tu mala hora de la jornada. Ahora haz el esfuerzo de implantarlo en tu día a día de bits y bytes.

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