RESPETO INFANTIL

Cuando somos niños, papá y mamá nos enseñan que debemos “respetar” a los adultos en sus conversaciones y “no interrumpir”.

Cuando eres un adulto que sigue utilizando esas indicaciones de la infancia, vives en modo lento y frustrado. No hay una sola persona que haya conquistado algún punto interesante a nivel profesional sin interrumpir algo o a alguien.

Tienes que interrumpir. Con gracia. Con elegancia. Con precisión. Te acercas, sonríes, confiesas de forma directa que vas a interrumpir, haces la pregunta o pides la instrucción, tomas nota, confirmas, vuelves a agradecer la paciencia y te retiras. Pero interrumpe siempre.

Vivir en modo respetuoso total te va a impedir conquistar colinas.

Piensa de forma lógica. Por favor. Me “fascina” escuchar personas decir “es que te quería preguntar (algo) pero imaginé que estabas ocupado”. Claro. No sé tú, pero mi vida tiene dos modos realmente: ocupado/desocupado. No tengo un momento específico en mi agenda diario catalogado como “espacio para que personas al azar puedan acercarse a interrumpirme sin que tengan que sentirse mal por ello”.

Siempre vas a interrumpir a alguien, ya sea porque está ocupada o porque está descansando. Así funciona esto. Abraza este entendimiento y ejecuta al respecto ya.

Casi todo el respeto infantil que nos taladraron como importante en los primeros años es inútil para convertirnos en personas de alto desempeño. Esto es así porque esas conveniencias sociales están diseñadas para dar comodidad a los adultos, no para entrenarnos en lo que nos va a ayudar genuinamente en la vida.

Interrumpe como todo un pro.

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