Cuando pintas porque morirías si no lo hicieras
El éxito llega por añadidura.
Aquí van dos mitos del éxito. Primero te van a decir que hay que trabajar muy duro. No. Hay que trabajar lo que hay que trabajar. Lo que hay que hacer muy duro es pensar.
Si el éxito fuera trabajar muy duro, todos los albañiles y campesinos serían considerados personas exitosas. Y si las métricas para el éxito son la riqueza acumulada y la admiración social, los buenos y sacrificados albañiles y campesinos aún tienen un largo recorrido por delante.
Hay que pensar.
Analizar.
Trabajar eficientemente.
No se trata de hacer mucho. No se trata de hacer siempre más. Se trata de lograr la máxima repercusión en cada cosa.
Con un esfuerzo normal, que no raye en lo infrahumano.
No es ser flojo. Es sacar la lengua de cansancio en las cosas que lo requieren. No en todas las cosas. Ni todo el tiempo.
También te van a decir que hay que prepararse mucho para tener éxito. No.
Hay que pensar.
Hay que ser sagaz.
Hay que tener valor.
Un doctorado, tres maestrías, una licenciatura, veinte cursos de especialidad e idiomas no hacen de ti una persona valiente.
Son cosas que —en el mejor de los casos— facilitan el terreno.
La cuestión está en la personalidad que cultives.
La cuestión está en el arrojo que tengas para hacer las cosas.
Eso no te lo enseñan en la universidad. Ni en el doctorado.
Ni en la escuela de idiomas. Ni en los cursos de especialidad.
Eso es algo que aflora si te rodeas de la gente correcta, si te expones a las ideas necesarias.
Hay que pensar. Analizar. Trabajar eficientemente. No se trata de hacer mucho. No se trata de hacer siempre más.
Se trata de lograr la máxima repercusión en cada cosa.
No creas en el éxito.
Eso llega por añadidura cuando compones las canciones que salen de tu alma y las cantas a los cuatro vientos.
Cuando pintas porque morirías si no lo hicieras.
Cuando fundas una empresa y luego otra, y luego otra porque tu cuerpo te lo pide.
Cuando escribes las frases que golpean tu cerebro.
Cuando crees en todo lo que puedes hacer.
¿Cliché? Sí. ¿Cursi? También.
Igual que el amor.
Igual que la felicidad.
—A.